Casi 100 mil vistas. Y entiendo por qué.

La semana pasada publiqué un reel sobre cómo elegimos pareja. Y algo pasó.

Casi 100 mil visualizaciones. Cientos de comentarios. Historias que me llegaron al alma — de mujeres reconociéndose, de hombres entendiendo algo por primera vez, de parejas que se miraron distinto después de verlo.

Si no lo viste todavía, lo podés ver acá: https://www.instagram.com/reel/DVcCgqEEjDR/?utm_source=ig_web_copy_link&igsh=MzRlODBiNWFlZA==

Me quedé pensando por qué resonó tanto. Y creo que la respuesta es simple: el tema de pareja nos atraviesa a todos. No importa si estás en una relación, si saliste de una, si la estás buscando. La pregunta de por qué elegimos como elegimos — y por qué a veces lo que elegimos deja de funcionar — es una pregunta que casi nadie responde bien.

El reel dio un nombre a algo que muchas sentíamos pero no podíamos articular.

El duelo que nadie ve

El tema que más debate generó fue este: el duelo que la mujer hace adentro de la pareja, en silencio, antes de que el otro sepa que algo está pasando. Habla, intenta, pide — y muchas veces no es escuchada. Hasta que en algún momento deja de pedir. Y empieza a despedirse.

Cuando finalmente toma la decisión, para ella es el final de un proceso largo. Para él, recién empieza. Por eso muchas veces parece que fue de la nada. No fue de la nada. Fue un camino entero que ocurrió en silencio.

Renegociar el contrato

El segundo tema que apareció fue la renegociación del contrato de pareja. Bucay propone revisarlo cada cinco años. En los comentarios dijeron cada siete, cada ocho. Yo pienso que el número no importa — lo que importa es acordarlo, idealmente desde el principio, antes de que duela.

Porque una pareja sana no es la que no discute. Es la que puede sostenerse desde la diferencia, sin querer cambiar al otro, con el propósito de construir juntos. Renegociar no es señal de que algo está roto. Es señal de que los dos siguen eligiéndose — con honestidad, con lo que son hoy.

Lo biológico y el libre albedrío

El tercer tema fue el más profundo. Alguien preguntó: ¿no se supone que la evolución nos permite superar lo que sentimos biológicamente?

Y mi respuesta fue: una cosa no quita a la otra. Lo biológico no es una excusa — es parte de lo que somos, hombres y mujeres. Está en la base de muchas decisiones que tomamos sin saberlo. Como elegir una pareja que nos dé seguridad, cobijo, estabilidad — sin ser del todo conscientes de que estamos respondiendo a algo muy antiguo.

El problema no es que eso exista. El problema es no verlo.

Porque justamente lo que nos diferencia es el libre albedrío — la capacidad de observar lo que sentimos, entender de dónde viene, y elegir cómo actuar. No desde el piloto automático. Desde la conciencia.

Eso es evolución. No negar lo que somos. Conocerlo tan bien que podamos elegir.

Y eso, para mí, es el trabajo femenino más profundo que existe.

Si algo de lo que leíste te resonó, me encantaría leerte. Dejame tu comentario abajo. 🤍

— Naty

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