Hay experiencias que no se explican. Se sienten.
El sábado 18 de abril, 14 mujeres eligieron regalarse un día entero para volver adentro. Para dejar de hacer y empezar a sentir. Para encontrarse — con ellas mismas y entre sí.
Tengo el corazón lleno de orgullo y de amor. Fui testigo de una entrega total, de una valentía real. Y quiero contarles cómo fue ese viaje.
🍫El comienzo: cacao ceremonial y los sentidos
Abrimos el día con cacao ceremonial. Ojos vendados, manos al corazón, taza humeante entre los dedos.
El cacao no es solo una bebida — es un portal. Antes de hablar de emociones, necesitábamos despertar los sentidos: el olfato, el tacto, el gusto, el oído. Porque los sentidos son la puerta por donde el mundo entra en nosotras. Y por donde las emociones cobran vida en el cuerpo.
Fue un comienzo suave y poderoso al mismo tiempo.
💛 La alegría: la niña que llevamos adentro
¿Cuándo fue la última vez que pintaste sin ningún propósito? ¿Que escribiste solo por el placer de hacerlo?
En el módulo de la alegría, sacamos colores, papeles, crayones. Y cada mujer — contadora, mamá, profesional, abuela — sacó a su niña interior a jugar. Hubo risas, sorpresa, y una libertad que muchas no recordaban haber sentido desde hace mucho tiempo.
La alegría también sana. Y no pide permiso.
💧 La tristeza: soltar en el agua
Luego llegamos a lo más profundo.
La tristeza no es el enemigo. Es la emoción que nos dice que algo importaba, que algo duele, que necesitamos soltar. Nos fuimos al agua — y en silencio, cada una entregó aquello que venía cargando. Sin explicaciones. Sin tener que justificar el dolor.
Fue un momento de una belleza y una profundidad que me es difícil poner en palabras. Solo puedo decir que el agua recibe sin juzgar. Como debería recibirnos siempre la vida.
🌀 El miedo: confiar en ser sostenidas
Trabajar el miedo requiere exactamente lo que el miedo nos pide que no hagamos: soltar el control.
En este módulo nos dejamos guiar. Sin saber qué venía después. Aprendiendo — en el cuerpo, no solo en la mente — que hay algo que nos sostiene. Que no estamos solas. Que podemos confiar.
🔴 El enojo: catarsis y entrega a la tierra
Y llegamos al enojo. Ese que muchas aprendimos a guardar, a suavizar, a disculpar.
El enojo propio. El heredado. El colectivo de generaciones de mujeres que no pudieron expresarlo.
A través de un ejercicio de Tantra, hicimos catarsis. Lo nombramos, lo sacamos del cuerpo, y lo entregamos a la tierra — que nos sostuvo a todas sin juzgar ni una sola vez.
Fue liberador. Fue necesario. Fue sagrado.
📿 El cierre: el japamala y el regreso a la calma
Terminamos armando un japamala — un collar de cuentas que en muchas tradiciones se usa para la meditación y la oración.
Cada cuenta, un recordatorio. Un ancla. Una forma de volver al centro cuando la vida nos saca de equilibrio. No porque todo esté resuelto. Sino porque aprendimos a habitarnos un poco más. A volver a la calma, no como ausencia de emoción, sino como hogar.
Volver a Sentir fue un comienzo. Y ya estoy soñando lo que viene.
Si sentiste algo leyendo esto — curiosidad, nostalgia, ganas — te pido un favor pequeño y valioso: completá esta encuesta. Son 7 preguntas que me ayudan a soñar el próximo encuentro con vos en mente.
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Gracias por leer, por sentir, por ser parte de este hilo.
Con amor, Naty 🌹
