Lo que nadie te explicó sobre cómo funciona tu deseo

Una mujer me escribió esta semana que la llamaron frígida durante años.
Que decían que era una heladera porque no quería cuando él quería.
Que nunca hubo una palabra de amor — pero sí mucha presión.

Y eso me quedó dando vueltas.

Porque quizás lo que ella vivió tenía que ver con algo que casi nadie nos explica:

cómo funciona nuestro propio deseo. 

Hoy quiero hablar de eso. 

Primero, una distinción que nadie nos enseñó

La excitación y el deseo no son lo mismo.

La excitación es una respuesta automática del cuerpo ante un estímulo. Aparece. Se siente. Es física. El cuerpo no le pide permiso a la mente — simplemente responde.

El deseo, en cambio, se construye. Necesita contexto, intimidad, seguridad, conexión. Es una disposición mental y emocional para el encuentro.

Y en la mujer — a diferencia de lo que nos enseñaron — no necesariamente van juntos.

Podés tener el cuerpo encendido y la mente completamente ausente.
Y podés no tener ninguna señal física — y estar completamente abierta si el contexto es el correcto.

Esto importa por muchas razones. Pero hay una que quiero nombrar directamente:

Hay mujeres que vivieron situaciones de abuso y sintieron excitación física en ese momento. Y cargaron con esa culpa durante años, creyendo que si el cuerpo respondió, algo en ellas lo quiso.

No. El cuerpo responde al estímulo de forma involuntaria. Es fisiología. Es automático.

La excitación no es deseo. La excitación no es consentimiento. La excitación no es querer.


Durante décadas, la respuesta sexual fue estudiada desde un modelo lineal: deseo → excitación → encuentro. Un modelo que describe bastante bien cómo funciona el deseo masculino — pero que deja a muchísimas mujeres sintiéndose rotas, frígidas, difíciles.

La Dra. Rosemary Basson propuso algo diferente: el Modelo Circular del Deseo.

Lo que encontró es esto: en general, la mujer no llega al encuentro desde una necesidad de excitación física espontánea. Llega desde una necesidad de intimidad.

El modelo no es una línea recta. Es un círculo:

La mujer parte de una postura neutral — no hay deseo espontáneo, pero tampoco hay rechazo. Si en ese estado aparece un estímulo de calidad, en el contexto adecuado — una caricia, una mirada, sentirse vista y segura — la excitación puede aparecer. Y esa excitación enciende el deseo. Y si el encuentro es positivo, esa experiencia alimenta la motivación para el próximo.

El orden no es siempre deseo → excitación.
A veces es intimidad → excitación → deseo.
A veces es excitación → deseo.

La excitación y el deseo pueden darse en cualquier orden.


Deseo espontáneo vs deseo reactivo

Basson también nombra algo que libera a muchas mujeres: la diferencia entre deseo espontáneo y deseo reactivo.

El deseo espontáneo aparece solo. Sin estímulo previo. Ya está ahí. Es el que el modelo lineal puso como estándar — y el que muchas mujeres sienten que no tienen.

El deseo reactivo aparece en respuesta a algo — un toque, una presencia, un contexto que se siente seguro. No llegás queriendo. Pero si el estímulo es el correcto, el deseo aparece en el camino.

Y esto es clave: si te buscan, respondés y la pasás bien — eso es deseo también. Totalmente válido. Totalmente real. Totalmente tuyo.

Nos metieron en la cabeza que el deseo espontáneo es el único normal, el único sano, el único que cuenta. Y eso dejó a muchísimas mujeres sintiéndose menos — o sintiéndose el problema dentro de su pareja.

No hay un tipo de deseo mejor que otro.
Hay un tuyo.


Lo que esto significa en la práctica

Entender esto no es solo información académica. Es una llave.

Es entender por qué a veces decís que sí sin estar presente — y dejar de culparte por eso.
Es entender por qué necesitás más que un estímulo físico para encenderte — y dejar de sentirte difícil.
Es entender por qué los encuentros positivos alimentan el deseo futuro — y por qué los negativos lo apagan.
Es entender que tu cuerpo no te traicionó — simplemente respondió.

Y es la base para empezar a conocer cómo funciona tu propio deseo — que es lo único que realmente importa.


Una pregunta para vos

No hay una forma correcta de vivir el deseo.
Pero sí hay algo valioso en conocer la tuya.

¿Cómo vivís tu deseo? ¿Te reconocés más en el espontáneo o en el reactivo? ¿Hay algo de lo que leíste hoy que nombra algo que nunca habías podido poner en palabras?

Con amor,
Naty

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